Fabricación de mallas metálicas

24 febrero, 2014

Con el fin de satisfacer un aumento del rendimiento en la obtención y clasificación de elementos áridos y minerales para su uso en la producción de hormigón, diversos aglomerados asfálticos o morteros, las compañías expertas en la materia han tenido que innovar y ampliar su gama de productos a fin de mejorarlos y conseguir una mayor rentabilidad con un gasto menor. Durante años el uso de mallas metálicas de diseño simple y resistencia limitada fue el medio de trabajo habitual, ya que no había apenas requerimiento sobre el tamaño y precisión de las superficies de cribado. La obtención de áridos era notablemente menor a la actual, y los posteriores productos manufacturados también tenían una calidad muy inferior. Con el tiempo la exigencia para seleccionar áridos creció marcada por las normas establecidas para la obtención de aglomerados asfálticos y hormigones de distinto tipo, y con ello las mejoras en los mecanismos de extracción. Se fomentó el empleo de técnicas con cribas clasificadoras por pisos, invirtiendo el método anterior en el que el primer tamaño filtrado no era el más voluminoso y en las que se conseguían grandes producciones con una superficie de cribado más pequeña. Con estos cambios se especializaron los instrumentos de trabajo y las mallas metálicas fueron siendo intercaladas progresivamente por unas mallas criba de infinidad de formas y precisión en su superficie de filtrado, ajustadas para casi cada tipo de material en particular. Los cambios también se produjeron en el material de fabricación de estas mallas, logrando aleaciones metálicas de acero más resistente e inoxidable e, incluso, se promocionó el uso de novedosos materiales derivados de plásticos y muy resistentes a la abrasión, como ciertas gomas o el poliuretano.

Dentro del género de mallas metálicas existen diferentes clases que se distinguen, entre otras cosas, por su forma, las características de su material de fabricación y su finalidad. Existen las más básicas, de forma cuadrada que por ejemplo tienen los entramados de alambres con cierta ondulación (mayor o menor según su objetivo) para conseguir una igualdad de tamaño en toda la malla, con una gran resistencia a la tracción del acero, a la vibración y con una vida útil extensa. Estas son empleadas para clasificar materiales que no requieren gran precisión por su alto porcentaje de superficie de cribado. También las encontramos cuadradas planas, un tipo de estructura que hace que la estructura sea prácticamente indeformable y le otorga la capacidad de resistir fuertes cargas, lo que facilita alargar la duración provechosa de su trabajo y obteniéndose un rendimiento máximo. Hay tantos modelos desarrollados de mallas metálicas porque pueden combinarse fiablemente unos con otros y aumentarse o disminuirse el número de alambres que las conforman, modificando su tensión y sus capacidades. Por eso, también se encuentran en el mercado mallas rectangulares onduladas, planas o mixtas que tienen unas resistencias variables entre ellas y que rechazan o clasifican diferentes elementos.

Otro tipo de mallas algo diferentes son las de anticolmatado, diseñadas para rebajar el tupido (o colmataje) que se ha producido por acuñamiento de las partículas del material a clasificar. En estas mallas, los alambres son totalmente independientes y nunca llegan a tocarse entre ellos, colocados mediante unas tramas para mantener una separación constante. La vibración que produce cada alambre de forma independiente facilita un paso más rápido de los elementos, incrementando la producción y la vida útil de la malla, debido a que el rozamiento a la que es sometida se ve reducido considerablemente. Su uso suele estar recomendado en la clasificación de materiales finos y asociado a cribas de tensión longitudinal y de tensión transversal, a las que favorece su rendimiento debido a su gran permeabilidad. Las tramas que estructuran estas mallas son de dos tipos: metálicas o de poliuretano. Los poros de paso resultantes dan nombre a la malla, habiendo las de clase doblonda (el agujero es similar al de una malla metálica cuadrada y la más utilizada por poseer el mayor porcentaje de superficie de cribado), rectonda (agujeros casi triangulares que permiten una clasificación muy precisa y el paso de materiales gruesos), doblorec (una mezcla de las dos anteriores que optimiza la producción), medionda (con una luz de poro ondulada para materiales que no necesitan precisión de corte) y multirecta o de “cuerdas de piano” (tienen un índice muy grande de permeabilidad y suelen emplearse para la criba de arenas naturales).  Las principales tramas que se encuentran son tres: de poliuretano, con alambres trenzados o de rejilla móvil desplazable.

A diferencia de las de metal, las mallas de poliuretano cuentan con una elevada resistencia frente a la abrasión, lo que les convierte en estructuras muy duraderas en comparación con las otras, son muy aconsejables para la clasificación de materiales (tanto por vía seca como húmeda), la instalación, el mantenimiento y la reparación es en estos casos más sencilla y no demasiado cara, sus poros son difícilmente obstruibles y reducen la contaminación acústica notablemente. En este terreno vuelven a encontrarse multitud de modelos: mallas de tensión longitudinal, de tensión transversal o planas y de paños modulares (las dos últimas reforzadas en su interior por elementos metálicos). Dentro de ellos existen distintas posibilidades según la dureza y la flexibilidad que sea requerida en cada uso.

Empresa de cribado recomendada: Talleres Núñez.

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