En Galicia estamos en pleno invierno, y hace un frío que te cagas. De verdad que no exagero, la gente no para de decirme que en enero me voy a enterar porque llegamos a los -10ºC. Y claro, cuando me dicen eso me asusto porque es una temperatura a la que yo, que vengo de las tierras cálidas de Cádiz, no estoy acostumbrada.
Y aquí, entre mantitas con mi esposo pero MUERTA de frío, me encuentro fantaseando con la posibilidad de instalar una chimenea. Pero… ¿de qué tipo? Gas, eléctrica o de leña… cada una tiene su rollo, y yo quiero decidir bien porque no me apetece gastar dinero en algo que luego no me sirva. Así que me puse a investigar, preguntar y pensar en lo que más nos conviene.
Chimeneas de gas
Lo primero que miré fueron las chimeneas de gas. Me parecía la opción más cómoda, porque básicamente las enciendes y listo: calor al toque. No tienes que cargar leña, no hay cenizas que limpiar y no ensucias la casa. Para alguien como yo, que con el frío ya tengo suficiente para varios días de enfado, eso suena perfecto.
El calor que dan es bastante constante y controlable. Puedes ajustar la intensidad y mantener la temperatura que quieres sin mucho esfuerzo. Además, no hay humo dentro de casa, así que no tienes que preocuparte por olores raros ni ventilaciones complicadas. Otra cosa que me gustó es que algunas se pueden instalar de forma bastante discreta, y se ven modernas sin romper la decoración.
Pero tampoco es todo perfecto. El precio inicial puede ser más alto que una chimenea de leña y necesitas tener la instalación de gas en casa. Eso implica revisiones y que un profesional te lo monte todo bien, porque no es algo que puedas improvisar. También hay que tener cuidado con la seguridad, como cualquier aparato a gas. Si se corta el suministro o hay algún fallo, obviamente puede ser un problema.
Acabé descubriendo, tras mucho leer sobre el tema, que las chimeneas de gas son cómodas, limpias y rápidas, pero que son un poco caras y requieren instalación profesional.
Chimeneas eléctricas
Luego pensé en las chimeneas eléctricas. Esto me llamó la atención porque son lo más fácil de instalar: solo necesitas un enchufe y ya está. Nada de gas, nada de chimenea real, nada de leña ni cenizas. Es ponerla, enchufarla y ya está, a dejarse calentar. Además, muchas vienen con efectos de fuego que parecen reales, y algunas incluso permiten ajustar el calor.
Lo que más me gusta de estas chimeneas es que son súper seguras. No hay llama real, así que puedes dejarla encendida sin miedo a que la casa salga ardiendo por un descuido. Para casas con niños, mascotas o alguien torpe como yo, esto es un punto a favor. También son portátiles, así que si un día quieres moverla a otra habitación, no hay problema.
Ahora, lo malo. El calor que dan no es tan potente como el de gas o leña. Son más decorativas y complementarias, no van a calentar una casa grande en pleno invierno gallego. Además, consumen electricidad, así que la factura puede subir un poco si la tienes encendida muchas horas al día. Y aunque algunos efectos de llama se ven bonitos, siguen sin ser fuego de verdad, así que pierde algo de ese “encanto” que sí tiene la leña o incluso el gas.
Con estas descubrí que son seguras, fáciles y limpias, pero que no puedo esperar a que sean la fuente principal de calor en un invierno muy duro, como en Galicia. Son perfectas para un salón pequeño o para complementar otra calefacción.
Chimeneas de leña
Después está la opción de toda la vida: la chimenea de leña. Aquí es donde el rollo se pone más interesante. Hay algo especial en tener fuego real, aunque, siendo honesta, yo no estoy acostumbrada a manejar leña y cenizas.
Lo bueno es que calientan mucho. Si se hace bien la instalación y la casa está bien aislada, una chimenea de leña puede mantener todo el salón calentito durante horas. No dependes de electricidad ni de gas, solo de leña, que puedes comprar o almacenar si tienes sitio. También tienen un toque estético que no tiene nada que ver con las otras, aunque esto es más por gusto que por funcionalidad.
Pero la realidad es que requieren trabajo. Hay que cortar, transportar y almacenar la leña, encender el fuego, controlar la llama y limpiar la chimenea regularmente. Si no lo haces bien, hay riesgo de humo dentro de casa o incluso de incendio. También necesitas un espacio adecuado para la chimenea y la salida de humos. Y en pleno invierno, manejar la leña con guantes congelados no es tan divertido como parece.
Para mí, las chimeneas de leña son la opción más potente en cuanto a calor, pero también la más trabajosa y exigente. Si te gusta la idea de hacer fuego real y no te importa el trabajo que conlleva, puede ser genial. Pero si quieres comodidad, quizá no sea lo tuyo.
Una cosa que hice fue comparar precios y mantenimiento de cada chimenea
Una de las cosas que más tuve en cuenta es el tema del dinero y el mantenimiento.
Chimenea de gas
- Precio de instalación: Medio-alto. Necesitas un profesional para conectar la chimenea al gas, instalar válvulas y revisar la seguridad. No es barato, pero a cambio después no tienes que preocuparte de la instalación nunca más.
- Mantenimiento: Bajo. Solo revisiones periódicas y limpieza ligera alrededor de la chimenea. Nada de cenizas ni leña que mover. Es cómoda si quieres calor sin complicarte.
- Costo operativo: Medio. Depende del uso: si la tienes encendida muchas horas, la factura se nota, pero es controlable regulando la temperatura.
Chimenea eléctrica
- Precio de instalación: Bajo. Solo necesitas un enchufe y ya funciona. No requiere obras, tubos ni revisiones complejas.
- Mantenimiento: Muy bajo. Solo limpieza de polvo y revisiones mínimas de los cables o enchufe. Ideal si no quieres líos.
- Costo operativo: Medio-alto. Si la usas muchas horas, la electricidad se nota en la factura, pero sigue siendo más cómoda que andar con leña.
Chimenea de leña
- Precio de instalación: Variable. Puede ser bajo si ya tienes chimenea o alto si necesitas obra y salida de humos.
- Mantenimiento: Alto. Hay que limpiar cenizas regularmente, revisar que el tiro funcione, controlar la leña y mantener todo en buen estado para que sea segura.
- Costo operativo: Bajo. Solo necesitas comprar o almacenar la leña, que suele ser más barato que gas o electricidad, aunque implica esfuerzo físico.
¿Qué aporta cada tipo de chimenea?
Desde mi punto de vista, cada chimenea tiene un perfil distinto:
- Gas: cómoda, rápida, limpia. Ideal si quieres calor sin complicarte.
- Eléctrica: súper sencilla, segura, sin mantenimiento. Perfecta para complementos o salones pequeños.
- Leña: potente, auténtica, trabajosa. Genial si te gusta el fuego real y no te importa currarte el calor.
Yo estoy entre gas y eléctrica porque necesito algo práctico y no complicarme la vida, aunque a veces fantaseo con la leña por ese toque clásico que tiene.
Consejos generales para ayudar a seleccionar entre los tres
Ambifuego, distribuidor y fabricante de chimeneas de gas, eléctricas y de leña, me explicó algo que lo importante no es cuál es “mejor”, sino cuál se adapta a tu vida y a tu casa. Me dijeron que evalúe: el espacio disponible, la facilidad de instalación, la frecuencia con la que voy a usarla y cuánto mantenimiento quiero asumir.
Por ejemplo, si tu casa es pequeña y el uso va a ser ocasional, una eléctrica puede ser suficiente. Si quieres calor constante y no te importa pagar un poco más por instalación, el gas es práctico. Y si disfrutas del ritual de encender fuego y no te importa ensuciarte las manos con leña, entonces la chimenea de leña es la tuya.
También mencionaron que pienses en la eficiencia: algunas chimeneas de gas modernas consumen menos energía que una eléctrica potente. Y sobre todo, que revises la seguridad y la ventilación, porque aunque parezcan detalles menores, en invierno con mucho uso es clave.
Elige la que mejor se adapte a ti y a la zona donde vives
Yo sigo dudando entre una de gas y una eléctrica, pero ya me siento más tranquila porque sé qué esperar de cada una. Pensando en Galicia y sus inviernos de -10ºC, creo que lo importante es elegir algo práctico y seguro que me ahorre muchos sustos. Y, si algún día me decido por leña, ya sé que es una cuestión de paciencia y dedicación.
Creo que lo más útil que aprendí en todo este proceso es que cada chimenea tiene su función. No hay una mejor para todo el mundo. La clave está en pensar en tu rutina, tu casa y lo que estás dispuesto a asumir.
Así que ahora, mientras sigo con mis mantitas y mi café caliente, me siento lista para decidir. Y lo mejor es que, sea cual sea la que elija, puedo estar cómoda y calentita.

